
El cresterio que lleva al Castro – Valnera es a su vez espectacular y sencillo, pudiendo disfrutar de la belleza de ambas vertientes. En un momento que la niebla y el viento nos permitieron disfrutar de las vistas, pudimos disfrutar de los valles Pasiegos e incluso de la costa llegando a divisar Santander.
En la cima del Castro – Valnera pudimos hacer un alto para el almuerzo y disfrutar de la belleza de nuestro alrededor. Una vez repuestas las fuerzas acometimos el descenso. El camino que lleva al Bernacho, nuestro punto final, estaba especialmente bonito. Más de la mitad del recorrido discurre por hayedo tintado de colores otoñales.
Para terminar bien el día, hicimos una parada en Espinosa de los Monteros para tomar un merecido café antes de continuar hacia Vitoria. La llegada fue sobre las seis y media y sobre todo sin las temidas lluvias que anunciaban.
