
Izaro Pérez de Arrilucea tiene 40 años, un trabajo, un hijo y una hija, y hace unos 20 meses dio el paso del crossfit a la halterofilia. En este tiempo record ha logrado su primer Campeonato de España Master Absoluto. Y aunque no se plantea metas a largo plazo, entrenar le sirve de motivación para superarse a sí misma. “Aguantaré hasta que el cuerpo diga basta, porque a la mente yo creo que le va a costar más decirlo”.

¿Por qué elegiste una modalidad minoritaria y a veces estigmatizada como la halterofilia?
Practiqué baloncesto de niña, luego vagué sin mucha constancia por gimnasios, porque no encontraba nada que me motivase. Hasta que en 2018 empecé con el crossfit. De todas las disciplinas que engloba, la halterofilia siempre es la que más me ha gustado. Los viernes veía las clases que imparte Iñigo y, aunque me costó decidirme, me animé.
Pero no he dejado el crossfit del todo. Me gusta y hay ejercicios que vienen bien para ganar fuerza, abdomen, hombro… Son complementarios.
¿Cómo se pasa en menos de dos años de no haber practicado nunca halterofilia, a ser campeona de España?
Tenía una pequeña base del crossfit, aunque a veces eso no sé si es bueno o malo porque cuesta un montón quitar los vicios. Pero sabía lo que era el trabajo y los ejercicios con barra. Y todo fue sobre la marcha. Nunca he sido de ponerme objetivos porque muchas veces te creas expectativas y yo me pongo muy nerviosa; así que digo: que pase lo que tenga que pasar.
Lograr el título me hizo ilusión, pero sobre todo orgullo de mi misma. ¿Quién me iba a decir a mí que con 40 años iba a ser Campeona de España Master Absoluto?
Las inscripciones se abrieron en febrero y el campeonato era en abril; era en Gijón, cerca, teníamos la marca mínima… Y dijimos, vale, venga, vamos ‘pa'lante’. Y allí fuimos Martín, Ricardo, Iñigo y yo.
¿Cómo fue la experiencia?
Pues la verdad es que muy bien. El año pasado me clasifiqué para el absoluto, fui, hice lo que pude y viví una experiencia más junto a los mejores halteras del estado. Y esto iba a ser algo parecido, sin ninguna expectativa, sin presión. Había un ambiente especial; entre los máster hay como otro rollo, no es tan competitivo. Al final, tenemos ya unas edades, unas vidas, unas experiencias que nos lo tomamos de otra manera.
¿Ha cambiado la halterofilia tu vida?
Mi día a día no es fácil. Trabajo por la mañana, entreno un par de horas tres o cuatro tardes a la semana, y tiro de abuela…
Pero todo lo que no he hecho de joven lo estoy haciendo ahora. Nunca es tarde. Estoy mejor, más en forma, que cuando tenía 20 años.
He conocido a mucha gente, he aprendido a organizarme, a aprovechar el tiempo. Mientras mi hijo está en fútbol y mi hija en atletismo hago algún recado y les recojo para estar un rato juntos…


¿Cómo te planteas el futuro, qué objetivos tienes?
El tiempo que estoy entrenando, sudando, me centro, me olvido del mundo. Es un ratito para mí. Te olvidas de los niños, de las preocupaciones del cole, del trabajo...
Realmente me sirve de motivación para superarme a mí misma. Así que aguantaré hasta que el cuerpo diga basta, porque a la mente yo creo que le va a costar más decirlo.
Hasta el momento tampoco no he tenido ninguna lesión y eso ayuda. O sea que para adelante. Con lo que nos echen.
¿Recomendarías practicar halterofilia a otras mujeres?
Claro. La halterofilia es una desconocida pero es para todo el mundo. Es más técnica que fuerza. Ves a chavalitas que pesan 45 kilos levantar más del doble de su peso, al final es más técnica que otra cosa. Hay desarrollo muscular pero nada exagerado.
También creo que es para gente calmada, es un deporte individual: eres tú con la barra y tú eres la que tiene que hacer todo. Más que fuerza es cabeza
