
En Gujuli, hacemos un alto para observar la cascada desde el mirador, la cual estaba cargada de agua, y continuar a la balsa de Lamioxin. Aquí, tomamos un merecido almuerzo acompañado de una breve explicación sobre cómo se forman esas balsas y los seres mitológicos que las habitan. Una vez repuestas las fuerzas afrontamos la parte final del recorrido, un poco más exigente, pero con la recompensa de las vistas de las cascadas de Altube.
Por último, retomamos un cómodo sendero poblado de hayas que nos va llevando hasta nuestro destino, el pueblo de Altube, donde nos espera el autobús.
