
Cruzamos un hayedo y por un sendero zigzagueante ganamos los prados inclinados que se dirigen hacia la cumbre. El ambiente es espectacular pero el camino es muy bueno y nada peligroso.
Desde los prados en la “espalda” del Beriain podemos ver la ermita en la zona de la cumbre. Tras un picoteo nos dirigimos hacia el puerto de Lizarraga. En el camino paramos a almorzar y así, entre prados, formas kársticas y una agradable brisa, cruzamos la Sierra de Andia para llegar al puerto donde nos tomamos un merecido refrigerio. Un día realmente bueno y en gran compañía por Beriain y Andia.
