
La promoción de la actividad física debe basarse en reintroducirla dentro del estilo de vida de las personas. La opción de moverse y ser activa/o debe ser fácil y para ello hay que buscar crearse un estilo de vida activo individual. Esto puede implicar diferentes comportamientos, entre los que se encuentran: sentarse menos, moverse más y hacer ejercicio físico.
Estudios epidemiológicos han demostrado que el tiempo dedicado a actividades sedentarias, los niveles de actividad y la condición física cardiorrespiratoria están asociados de forma independiente con los índices generales de mortalidad así como con la incidencia de padecer obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, fragilidad y cáncer.
Cuando se habla de los beneficios de la actividad física para la salud, deben tenerse presentes los diferentes comportamientos a los que hacemos referencia. El ejercicio estructurado y regular tiene una amplia evidencia científica para mantener y mejorar la salud. Sin embargo, la sociedad actual implica cambios en los comportamientos del estilo de vida que han reducido drásticamente las posibilidades de ser regularmente activa/o y llevan, también, a un incremento de las horas de estar sentada/o. La literatura dice que a mayor número de horas sentada/o al día mayor incremento del riesgo de mortalidad por cualquier causa, tanto para personas aparentemente sanas y activas como para personas con alguna patología.
La autora Catrine Tudor-Locke representaba estas tres recomendaciones con su mensaje: “Sit less, walk more and exercise” (“Siéntate menos, anda más y haz ejercicio”) como estrategias de intervención en un triángulo, destacando que todas son igualmente importantes.
‘Sit less’ (Siéntate menos): El sedentarismo se ha definido como cualquier comportamiento con un gasto calórico inferior o igual a 1,5 veces el gasto calórico metabólico en reposo. Incluye el estar de pie o permanecer en postura reclinada, por ejemplo viendo la televisión o frente a cualquier pantalla.
En la investigación se diferencian los comportamientos y tiempos de sedentarismo del tiempo de inactividad, que significa realizar una actividad física insuficiente para mantener y/o mejorar la salud (en el caso de las personas adultas el no cumplir las recomendaciones de actividad física saludable, 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad física vigorosa, o una combinación de los dos). Es posible que una persona físicamente activa también acumule muchas horas de sedentarismo y lo que hay que resaltar es que el tiempo sedentario y el ser inactiva/o son dos comportamientos distintos.
‘Walk more’ (Anda/muévete más): Otro aspecto importante dentro de las recomendaciones de actividad física saludable para la población general es el rol de la actividad física cotidiana: moverse más durante el día a una intensidad moderada como estrategia para combatir el efecto negativo del sedentarismo. Acumular 60-75 minutos al día de actividad moderada disminuye, que no elimina, los efectos perjudiciales del tiempo sentada/o. Este mensaje es muy importante, porque la mayoría de las personas adultas pasan de forma obligatoria muchas horas sentadas en sus respectivos trabajos, estudios… El aumento de la actividad física a través de una movilidad activa y la menor dependencia de la motorizada tiene el potencial de mejorar equitativamente la salud y el bienestar de las personas, las familias, las comunidades y el país en general.
‘Exercise’ (Haz ejercicio): La práctica del ejercicio físico tiene como objetivo mejorar o mantener uno o más componentes del fitness (condición física orientada a la salud) como son la morfología, musculatura, habilidad motora y las funciones cardiorrespiratoria y metabólica.
De ahí la recomendación de incluir en nuestro día actividad física moderada y vigorosa que mejore nuestro fitness cardiorrespiratorio (y demás condiciones del fitness, en especial las funciones cardiorespiratoria y metabólica) y que ha demostrado ser el predictor más poderoso de mortalidad y morbilidad de la enfermedad cardiovascular.
Para quienes su día a día presenta un patrón de muchas horas de inactividad física queda el entrenamiento y el ejercicio físico que, con sus correspondientes adaptaciones, siempre tendrán un efecto protector frente a las horas de inactividad ‘forzada’.
Susana Aznar
U. Castilla-La Mancha
