Girls Gotta Fundation

Correr para escapar del matrimonio infantil

En las montañas de Etiopía, donde correr forma parte casi de la identidad nacional y de donde han salido leyendas del atletismo como Kenenisa Bekele o Tirunesh Dibaba, un grupo de niñas corre por algo más que una medalla. Corren para seguir estudiando, para retrasar un matrimonio forzado, para ganar tiempo e imaginar otra vida posible.

Ese es el corazón de ‘Girls Gotta Run Foundation’, una organización sin ánimo de lucro nacida en 2006 que utiliza el atletismo femenino como herramienta de transformación social en algunas de las zonas más vulnerables de Etiopía. La historia comenzó después de que la profesora estadounidense Patricia Ortman leyera un reportaje en ‘The Washington Post’ sobre niñas etíopes que utilizaban las carreras de fondo para cambiar su destino. En muchas comunidades rurales, el deporte ofrecía algo excepcional: visibilidad, movilidad y, sobre todo, una oportunidad económica. Ortman decidió entonces crear una pequeña organización de voluntarias/os para ayudar a jóvenes corredoras que no podían costear zapatillas, ropa deportiva o comida sufi ciente para entrenar.

Lo que empezó como una ayuda modesta para cuatro atletas adolescentes acabó evolucionando hasta convertirse en un proyecto mucho más ambicioso. Con el tiempo, ‘Girls Gotta Run’ comprendió que el verdadero problema no era únicamente deportivo. Las niñas abandonaban la escuela por pobreza, por presión familiar o por matrimonios precoces. El running podía ser el punto de partida, pero hacía falta construir alrededor una red completa de apoyo. E Girls Gotta Fundation CORRER PARA ESCAPAR DEL MATRIMONIO INFANTIL Hoy la organización trabaja principalmente en dos zonas de Etiopía: Bekoji y Soddo, regiones montañosas que fl anquean el Valle del Rift. Bekoji no es un lugar cualquiera. Este pequeño pueblo de las tierras altas etíopes ha producido más de una decena de medallas olímpicas y es considerado una auténtica ‘fábrica’ de atletas de élite. Allí, correr forma parte del paisaje cotidiano. Niñas y niños recorren kilómetros cada mañana por caminos de tierra antes de ir a clase. ‘Girls Gotta Run’ vio en esa cultura una oportunidad extraordinaria para conectar con las comunidades locales.

El deporte que utilizan es, fundamentalmente, el atletismo de fondo: running, carreras, entrenamientos colectivos... Pero el objetivo nunca ha sido fabricar campeonas olímpicas sino abrir una puerta hacia mucho más profundo: crear espacios seguros para adolescentes en un momento especialmente vulnerable de sus vidas. Las participantes entrenan varias veces por semana bajo la supervisión de entrenadoras y mentoras. Reciben zapatillas, equipación, alimentación y apoyo escolar. Además, junto al entrenamiento físico, el programa incorpora formación en salud, liderazgo, higiene, educación sexual, autoestima o gestión económica.

La organización descubrió pronto que muchas niñas seguían abandonando porque sus familias necesitaban ingresos inmediatos. Por eso ampliaron el proyecto hacia las madres. ‘Girls Gotta Run’ creó grupos de ahorro y emprendimiento femenino donde las mujeres reciben formación fi nanciera, pequeñas ayudas económicas y acompañamiento para iniciar negocios locales. El objetivo es sencillo: si la familia gana estabilidad económica, la niña tiene más posibilidades de permanecer en la escuela.

Ese vínculo entre deporte y comunidad es probablemente una de las claves del proyecto. Las niñas no entrenan aisladas. Corren juntas, aprenden juntas, se convierten en referentes para otras adolescentes más jóvenes. Algunas terminan actuando como mentoras de nuevas participantes, generando así un efecto multiplicador dentro de sus propios pueblos.

Los resultados han sido suficientemente contundentes como para convertir a la organización en un caso de referencia dentro del llamado ‘sport for development’, movimiento internacional que utiliza el deporte para objetivos sociales. Según datos de la propia fundación, el 96% de las participantes evita el matrimonio infantil y continúa estudiando tras pasar por el programa.

Lo que empezó como una ayuda modesta para cuatro atletas adolescentes acabó evolucionando hasta convertirse en un proyecto mucho más ambicioso

La dimensión simbólica del running en Etiopía también juega un papel importante. En un país donde los grandes corredores son héroes nacionales, una niña que entrena deja de ser invisible. El deporte le otorga reconocimiento social, disciplina y una identidad distinta a la que tradicionalmente se esperaba de ella.

Esa idea quedó reflejada en una de las iniciativas más llamativas de la organización: un relevo femenino de 100 millas organizado en la región de Oromia, donde corredoras etíopes compartieron carrera con atletas internacionales. Más que una competición, el evento buscaba transmitir una idea sencilla: correr juntas podía generar confianza, comunidad y autoestima.

A diferencia de otros proyectos asistencialistas, ‘Girls Gotta Run’ insiste en trabajar con organizaciones locales y estructuras comunitarias etíopes. Colabora con asociaciones de mujeres, escuelas y organismos públicos relacionados con juventud y deporte para adaptar los programas a la realidad cultural del país.

Detrás de todo ello permanece una convicción simple pero poderosa: el deporte no cambia la vida por sí solo, pero puede ser el detonante que abra una puerta. En Etiopía, donde miles de niñas siguen enfrentándose a pobreza, violencia o matrimonios tempranos, correr se ha convertido para muchas de ellas en algo más que un ejercicio físico. Es una forma de avanzar hacia un futuro que antes parecía reservado a otros.