
El fútbol como disciplina deportiva más popular ha sido en muchas ocasiones comparado con fenómenos como la religión y la guerra. En ambas similitudes destaca la consideración sagrada de los símbolos deportivos, en particular, la camiseta y los escudos. Las camisetas son como los uniformes y los escudos, como las banderas, símbolos de la pertenencia a un colectivo cuyos intereses son percibidos como superiores a los de los propios individuos y por ello, intocables y dignos devoción. Los aficionados, los propios jugadores y los dirigentes han asumido históricamente esa actitud de deferencia hacia esas señas de identidad. Sin embargo, desde hace unas décadas, con el proceso de extrema comercialización del fútbol, las camisetas han dejado de tener esa consideración y han sido utilizadas con usos marcadamente comerciales y publicitarios, conduciendo a una perversión del sentido original que tenían. La cuestión a debate es si ese proceso tiene límites, pues junto con otros factores en juego, puede provocar que los aficionados cambien su forma de relacionarse con los clubes.
Por otro lado, los clubes no son solo entes deportivos. Normalmente en su gestación y posterior desarrollo histórico se funden elementos de identidad varios (políticos, sociales, económicos o religiosos) más allá de los meramente deportivos en los que las/os aficionadas/os encuentran asidero psicológico de su lealtad. Los clubes son empresas que como tales tratan de obtener beneficios, para lo cual establecen estrategias mercantiles de todo tipo.
Trataremos el tema con:
- José Luis Pérez Triviño, licenciado en derecho y filosofía, profesor titular de filosofía del derecho en la U. Pompeu Fabra y presidente de la Asociación Española de Filosofía del Deporte, director de la revista Fairplay y autor del libro ‘Ética y deporte" (2011).
- Félix Lascaray, Director Manager at Lascaray Oleochemicals - Productos LEA
- Livia López, presidenta Araski Emakumeen Saskibaloia
