Manex Ibabe, remero de San Pedro

El gasteiztarra que encontró su sitio entre traineras y mareas

Manex Ibabe Sagasta (Vitoria-Gasteiz, 20 años) es remero de San Pedro, equipo de traineras que compite en la Liga ARC. Estudiante de Ingeniería Civil, llegó al remo casi por casualidad tras una lesión que le obligó a abandonar el rugby, y en apenas tres años se ha convertido en un palista de agua salada nacido tierra adentro. Entrena seis días a la semana, compagina la exigencia física y mental de la trainera con sus estudios y tiene claro que este deporte exige mucho más que fuerza: disciplina, sacrificio y compromiso colectivo.

“Creo que ningún remero sabe explicar exactamente qué es lo que hace al remo tan atractivo, pero cuando terminas una regata tienes una sensación de satisfacción muy grande. Te sientes lleno”.

¿Cómo llega un gasteiztarra a formar parte de un equipo de remo?
De una forma bastante casual. En segundo de Bachillerato hacía rugby y me rompí la clavícula. Me recuperé, volví a jugar y en el primer partido se volvió a romper en el mismo sitio. Le costó soldar de nuevo y tuve que elegir un deporte sin contacto. Estudiando en Donosti se lo comenté a mi padre y decidí probar con el remo. Hasta ahora.

Normalmente los remeros son de pueblos relacionados con el mar pero en San Pedro ya me consideran uno más. Estaría bien que saliese un equipo de remo en Vitoria, en el pantano.

¿En qué momento te das cuenta de que ya no es un hobby, sino algo más serio?
Desde la primera semana de entrenamientos. Ves que no es simplemente ir a remar: son horas de gimnasio, trainera, ergómetro… Entrenas seis días a la semana, incluidos sábados, domingos y festivos. Ahí empiezas a darte cuenta de que tienes que dejar muchas cosas de lado. Sobre todo la vida social, las fiestas, viajar en verano, salir a cenar con amigos… también tienes que cuidar mucho el peso y la alimentación. Esto es serio.

Aun así sigues. ¿Qué tiene el remo para enganchar tanto?
Es difícil de explicar. Creo que ningún remero sabría decir exactamente qué es lo que lo hace tan atractivo. Pero cuando estás dentro del equipo, cuando terminas una regata y ves el trabajo hecho, tienes una sensación de satisfacción muy grande. Te sientes lleno.

¿Cómo compaginas un deporte tan exigente con tu carrera universitaria?
Es complicado. En invierno, especialmente en diciembre, enero y febrero, los entrenamientos no bajan de dos horas y media. A eso hay que sumar preparar la trainera, subirla, bajarla, limpiarla, las charlas con el entrenador… Al final pierdes toda la mañana. Y en junio empieza ya la temporada.

Durante el curso, muchas veces acabas un entrenamiento muy duro y lo que quieres es dormir, pero tienes que ir a la biblioteca a estudiar. O estás estudiando y tienes que parar para ir a entrenar. Ahora estoy en tercero y gestiono mejor mis horarios, pero el año pasado me costó mucho organizarme.

¿Crees que la gente que ve una regata es consciente de todo lo que hay detrás?
El que lo ve por televisión quizá no tanto, pero quien lo ve en persona puede entenderlo más. Ves los cuerpos, la exigencia y te das cuenta de que si no estás muy entrenado no puedes aguantar ese nivel.

Es necesaria muchísima disciplina. Tienes que cuidar la dieta, mantener el peso, completar todos los entrenamientos y llegar todos los días al agua concentrado. Además, tienes que saber dejar los problemas fuera de la trainera porque si haces un mal entrenamiento afectas al de todo el equipo. Cuando empiezas una regata, a los dos minutos piensas ¿por qué me he metido a esto? Estás sufriendo, no quieres seguir, quieres abandonar, pero vas acostumbrando a la cabeza y aprendes a ser mentalmente fuerte.

¿Esa fortaleza te sirve fuera del deporte?
Sí, sobre todo para ser persistente. Muchas veces comparas la vida con una regata: estás en un momento complicado y piensas que estás en el tercer largo, que hay que aguantar porque todavía queda uno más.

En los momentos duros pienso en cómo me voy a sentir después si abandonara. En una prueba de ergómetro, por ejemplo, donde se mide realmente tu capacidad de fuerza, como tu examen para ver si remas o no, si paras antes de terminar te entran ganas de llorar, es una sensación de frustración absoluta. Prefiero sufrir y acabar porque sé que voy a estar dos semanas dándole a la cabeza y frustrado. Además, en un deporte de equipo no puedes abandonar. El de al lado sufre igual que tú y si yo dejo de tirar, otro compañero tendrá que sufrir más. Hay una responsabilidad con el resto, ser buen compañero y seguir tirando con todo lo que tienes.

El equipo parece una parte fundamental.
Sí. Pasamos muchísimas horas juntos y se crea una conexión familiar. En la trainera, al principio cada uno rema más individualmente, pero con el tiempo las cosas salen automáticamente. Llega un momento en que ni tienes que pensar en ir a la vez, simplemente vas, sale por instinto.

Has estado en dos equipos con mucha tradición, Donostiarra y San Pedro. ¿Se vive de una forma especial?
Sí. En sitios como San Pedro, que no tienen más deportes que las traineras, el remo es el rey. Todo el mundo habla de remo, cuando haces bien las cosas el pueblo habla y cuando las haces mal, también. Eso genera presión, pero también te animan y es un aliciente para seguir entrenando.

El ambiente que se crea en los días de regata es increíble. Hay una parte festiva y de celebración que no tienen muchos deportes. La Concha, por ejemplo, es muy especial.

¿Cuáles son tus objetivos ahora mismo?
Personales y deportivos van juntos. El objetivo es subir ala primera división con San Pedro, mantener el proyecto y poder clasificarnos para la bandera de La Concha. Si en algún momento surge la oportunidad de remar en un equipo de élite para pelear por banderas, sería algo bonito, pero ahora mismo también hay que compaginarlo con los estudios.

¿Qué le dirías al Manex que empezó a hacer deporte hace unos años?
Que cuidase mejor la nutrición y, sobre todo, el sueño. Cuando haces un deporte de alto rendimiento, descansar bien es fundamental. Si no duermes suficiente, todo lo demás empieza a fallar.

Cuando mires atrás dentro de un tiempo, ¿qué crees que recordarás más?
Sobre todo a las personas. Las banderas y las regatas se recuerdan, pero lo que más queda son los viajes en furgoneta, los entrenamientos y cómo lo has pasado con la gente. Eso es lo que te llevas contigo.